La vergüenza de un país - Mi mejor amigo el perro La vergüenza de un país - Mi mejor amigo el perro

La vergüenza de un país03:50

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Published on 11 febrero, 2017

La vergüenza de un país

La vergüenza de un país

Una soga se tensa y en el extremo anuda, ahoga y exhibe las miserias de España. Da igual que esté atada al parachoques de un vehículo y arrastre por los suelos nuestra vergüenza; o que penda de un olivo y haga ondear, merced del viento, el símbolo inerte del sadismo. El galgo, como el toro, tuvo la desgracia de llamarse español y su tierra lo trata con desprecio. No es país para animales. El camino para aflojar la soga de la que pende el cuerpo inocente del galgo no es fácil. Más difícil lo pone que un diputado y otros tres miembros de Podemos acaben de firmar una especie de trasnochado manifiesto para abrazar a la caza bajo el estúpido manto protector de la tradición cultural. El mismo con el que cubren a la tauromaquia. ¿Y quién atiende las señales de alarma que cada mes de febrero emiten las protectoras?

El Partido Animalista – PACMA es el único partido político español que lucha por el fin de la caza. Entre los pasos intermedios asumibles por un gobierno compasivo cualquiera está la prohibición de la explotación de perros para la caza. Una medida que paliaría el problema del abandono, que erradicaría las hacinadas rehalas de los horrores y, por supuesto, que acabaría con la imagen de galgos ahorcados bajo un olivo. ¡Qué país! No es de extrañar que nuestros vecinos de la Unión Europea nos miren entre la perplejidad y la vergüenza ajena. De hecho, el Partido Animalista holandés se une a las reivindicaciones de PACMA, y de los animalistas españoles, y ha emprendido una recogida de firmas –en Holanda– para que se prohíba –en España– la caza con galgos. Así es: hay ciudadanos holandeses rubricando hojas de firmas para traerlas al Congreso de España. Lo que sientes al leer eso se llama vergüenza propia y es a lo que nos abocan quienes gobiernan sin empatía.

España, para más sonrojo, es uno de los pocos países de Europa que aún permiten la caza con galgos. Son más de 190.000 galgueros los que hay registrados en nuestro país y más de 50.000 son los galgos que se abandonan cada año. Echen cuentas. La caza con galgo es la única modalidad en la que el perro es el ejecutor de la presa. Es la herramienta. Y, como si de una escopeta se tratara, cuando las patas del galgo se encasquillan por la edad o la enfermedad es “quitado de en medio” en muchos casos. En las protectoras, que no entienden tanto de postureo como de esfuerzo, trabajo duro por los más débiles y pantalones manchados de excremento hasta la ingle, les pueden dar más información del mal que produce esta práctica. No estaría de más que algún diputado se diese una vuelta por alguna con los ojos y los oídos bien abiertos. Y luego, si no se le cae la cara de vergüenza, que se ponga a redactar manifiestos torticeros.

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